Novelas – La Pluma del Norte

Publicado el 22 de julio de 2026, 5:48

Viaje al pasado.

 

La Pluma del Norte…

📘 CAPÍTULO 2 — LA TIZA DE DON ANTONIO

Una semana antes de la caída, el Lolo ya sentía que algo no encajaba. El año decía ser 1965, pero había días en los que el aire parecía pertenecer a otro tiempo. Los relojes adelantaban segundos sin razón. Las sombras se movían antes que las personas. El silencio tenía un peso extraño, como si escuchara.

Ese lunes, Don Antonio entró en clase con su paso firme, el que siempre hacía temblar los pupitres. Era un hombre serio, pero justo. Un maestro que nunca levantaba la voz, porque no lo necesitaba.

—López Domínguez —dijo, mirando al Lolo—. Ven a la pizarra.

El Lolo se levantó despacio. No sabía por qué, pero ese día sentía que cada movimiento tenía consecuencias.

Don Antonio le entregó un trozo de tiza.

Un gesto simple. Un gesto normal. Un gesto que, sin embargo, abrió una grieta en la realidad.

En cuanto la tiza tocó los dedos del Lolo, la pizarra vibró. El aire se onduló como si fuera agua. Las ventanas temblaron sin viento.

Y entonces aparecieron.

Figuras de fuego. Sombras ardientes. Seres que parecían volcanes vivientes, respirando lava en silencio.

No pertenecían al aula. No pertenecían a Granada. No pertenecían a 1965.

El Lolo retrocedió, pero los seres no avanzaron. Solo miraron. Como si lo reconocieran. Como si lo estuvieran buscando.

Don Antonio no los veía. Nadie los veía. Solo el Lolo.

Y en ese instante, el calendario del aula —el que colgaba junto al mapa de España— cambió.

El número del año se movió. El 5 se dobló. El 6 apareció.

1965 se convirtió en 1966.

Un salto silencioso. Un cambio imposible. Un aviso.

Los seres de fuego se desvanecieron como humo. La pizarra dejó de vibrar. El aula volvió a ser aula.

Pero el Lolo sabía que algo había empezado. Algo que no entendía. Algo que lo buscaba. Algo que quería impedir que él llegara a un destino que aún desconocía.

Y una semana después, el hueco del bloque se abriría. Y el relámpago lo tocaría. Y el tiempo lo reclamaría.

Pero eso todavía no se cuenta. Todavía no se revela. Todavía es solo un presentimiento.

 

 

 


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