“Lolo el Tormenta”

Publicado el 22 de julio de 2026, 5:30

El comienzo

📘 CAPÍTULO 1 — LA CAÍDA

El año era 1965. O al menos eso creía el Lolo.

La tarde había caído sobre el bloque con una luz extraña, como si el sol dudara entre quedarse o marcharse. Mari, su hermana, lo llamaba desde el pasillo, insistiendo con esa mezcla de cariño y enfado que solo tienen las hermanas mayores.

—Lolo, bájate ya de ahí —le dijo, con la voz cargada de urgencia.

Pero él, inquieto como siempre, seguía asomado al hueco del bloque, observando ese vacío que parecía respirar. Nadie sabía que desde hacía días el tiempo se comportaba de forma rara: relojes que adelantaban un minuto sin razón, sombras que se movían un segundo antes de que alguien pasara, un silencio que parecía escuchar.

Mari dio un paso hacia él.

—Lolo, te vas a caer.

Y entonces ocurrió.

Un crujido. Un temblor. Un instante que se abrió como una grieta.

El Lolo perdió el equilibrio. Mari intentó agarrarlo, pero sus dedos solo rozaron el aire. El grito de ella atravesó el bloque como un rayo humano.

—¡Lolo!

El cuerpo del niño cayó al vacío.

Pero no llegó al suelo.

Un relámpago —un destello blanco, imposible, silencioso— lo tocó antes del impacto. No quemó. No golpeó. No iluminó. Simplemente lo detuvo.

El tiempo se dobló. El aire se abrió. El hueco del bloque dejó de ser hueco.

Y en ese instante, sin que nadie pudiera verlo, el año 1965 se quebró. Se transformó en 1966. Un salto imperceptible para todos… excepto para él.

El relámpago envolvió al Lolo como si lo reconociera. Como si lo estuviera esperando.

Y entonces desapareció.

No cayó. No chocó. No murió.

Fue transportado.

 


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